sábado, 17 de noviembre de 2012

Los ojos tristes de Iris



Los ojos tristes de Iris

(Para aprender a respetar el espacio y la libertad de aquellos a quienes queremos.)

Hace mucho viento. Sentada dentro del tronco de un árbol, la pequeña hada Celeste espera que deje de soplar tan fuerte para poder seguir buscando su varita. Fuera, las plantas y las ramas de los árboles se mueven de un lado para otro y parece que en cualquier momento vayan a salir volando.

- ¡Si salgo ahora, el viento se me llevará! - piensa, sacando la cabeza por el agujero y metiéndola de nuevo enseguida.

Y poco a poco, oyendo el ruido del viento y las hojas que se mueven, Celeste se va quedando dormida.

Al cabo de un rato el viento deja de soplar con tanta fuerza, y Celeste, que se ha despertado, sale de su escondrijo.

- ¡Uf, ya empezaban a dolerme las piernas de estar tanto rato aquí dentro! - dice estirándose y sacudiendo las alas.

Y mientras levanta el vuelo se pregunta hacia dónde ir.

¡Pero cuando empieza a volar se da cuenta de que no le hace falta mover las alas! El suave viento que aún sopla la lleva sin que tenga que hacer ningún esfuerzo, y Celeste se deja llevar como si fuera una pluma.

- ¡Qué divertido! - exclama.

Y mientras sube y baja y da volteretas, el viento la va llevando más y más lejos.

De pronto, Celeste mira hacia abajo y ve a una niña montada en un caballo blanco que corre rápido por el campo.

- ¡A lo mejor ha visto mi varita! - dice, y moviendo las alas para que el viento no la lleve hacia otra parte, Celeste empieza a volar detrás de ella.

Al cabo de un rato llegan a una granja, y cuando la niña baja del caballo ve a Celeste, que resoplando por haber volado tan rápido, se ha sentado en la valla.

- ¿Y tú quién eres? - le pregunta con cara de sorpresa.

- ¡Uf, sí que corre tu caballo!... Me llamo Celeste -, le contesta - y estoy buscando mi varita. ¿La has visto por aquí?

- No, no la he visto - responde la niña. - ¿Eres un hada? - le vuelve a preguntar.

- Sí,... bueno,... no,... no lo sé... es que he perdido mi varita y ya no puedo ir a la escuela de hadas... - responde Celeste.

- Pues a mí me parece que sí lo eres, porque pareces una niña pero eres muy pequeñita, y tienes alas pero no eres un pájaro - dice entonces la niña.

- Tienes un caballo precioso - dice Celeste mientras se acerca a él revoloteando para acariciarlo.

-–Es una yegua, y se llama Iris. Me la regaló mi abuelo cuando cumplí cinco años. Ahora tengo diez, y como ya soy mayor puedo salir a pasear con ella cuando quiero. Nos lo pasamos muy bien juntas. Nos queremos mucho... - le cuenta la niña.

Pero Celeste mira los ojos de Iris y se da cuenta de que está triste.

- Me parece que le pasa algo - le dice a la niña. - ¿No ves qué ojos más tristes?

La niña afirma con la cabeza.

- Hace unos días que está así, pero no sé por qué... Intento hacer todo lo que le gusta: le doy manzanas y zanahorias, me paso mucho rato cepillándola, la acaricio, juego con ella y la saco a pasear siempre que puedo, y cuando mamá me da dinero le compro caramelos duros de menta, que le encantan, pero parece que no es tan feliz como antes... No sé qué le pasa...

Mientras la pequeña hada y la niña están hablando, Iris se acerca a la puerta de la valla y se queda quieta mirando hacia el prado. Cuando Celeste la ve se acerca a ella, y con sus ojos de hada, que ven más que los de las personas, mira hacia el mismo sitio que ella. Y entonces los ve. Lejos, al otro lado del prado, una manada de caballos está comiendo hierba al lado de un riachuelo.

- ¡Ya sé qué le pasa! - exclama volando hacia la niña. - Está triste porque le gustaría ir con los caballos que están allí en el prado.

La niña mira pero no los ve.

- ¿Caballos? - pregunta. - ¿Dónde hay caballos? Yo no los veo.

Celeste le cuenta que están demasiado lejos para que ella pueda verlos, pero que Iris los puede oler.

- Y ¿por qué quiere irse con ellos? ¿Es que no está bien aquí conmigo? ¿Que no me quiere? - pregunta la niña a punto de romper a llorar.

-– Y tanto que te quiere - le dice Celeste -, pero a veces a los animales les gusta estar con quienes son como ellos. ¿Verdad que a ti también te gusta estar con tus amigos y no por eso dejas de querer a Iris?

Pero la niña no quiere escucharla. Sale corriendo, coge a Iris y la encierra en la cuadra.

- ¡Tú ya me tienes a mí, que te quiero mucho, y no necesitas a nadie más! ¿Qué haría yo sin ti? ¡Te echaría de menos! - le dice con los ojos llenos de lágrimas.

Los ojos de Iris se van poniendo cada vez más tristes. Por una lado quiere irse con los caballos, pero por otro no le gusta ver llorar a su amiga, porque la quiere.

Celeste lleva rato pensando en cómo ayudarlas, pero no sabe qué hacer.

- Si la quiere tanto tendría que querer que sea feliz. ¿Qué puedo hacer para que la deje marchar? - se pregunta.

Y entonces Luci, que siempre la acompaña aunque ella no se dé cuenta, le dice:

- Ir las tres... Ir las tres... 

Cuando oye su vocecita, Celeste piensa contenta:

- ¡Ya lo tengo! ¡Tenemos que acompañar a Iris a ver a los caballos!

Y con muchas ganas de que su idea salga bien le dice a la niña:

- ¡A lo mejor, si vamos las tres juntas a ver a los caballos un rato, Iris se pone contenta!

Y la niña, que quiere tanto a su yegua, piensa que quizás así la hará feliz.

- ¡Sí, vamos! Seguro que le gustará pasar un rato con ellos.

Y las dos suben a lomos de Iris, que cuando ve hacia dónde van empieza a correr contenta por el prado.

Tras haber pasado un rato con la manada, la niña mira los ojos de Iris y ve que ya no están tristes. Entonces se da cuenta de que la yegua a la que tanto quiere es feliz con aquellos caballos, y aunque la echará de menos decide dejar que se quede con ellos.

- ¡Te quiero Iris! - le dice muy triste mientras le llena la cara de besos. - ¡No lo olvides nunca!

Y sin mirar hacia atrás, para que la yegua no la vea llorar, empieza a andar hacia la granja, con Celeste volando a su lado.

La pequeña hada se queda unos días con ella para hacerle compañía, y una mañana, al despertarse, oyen un ruido que la niña conoce muy bien.

- ¡Es Iris! ¡Es Iris! - grita contenta mientras sale corriendo a fuera.

Iris ha venido a verla, pero no está sola. Todos los caballos de la manada la han acompañado hasta la granja.

- ¡Ahora tienes muchos más amigos! - le dice Celeste. - ¡Seguro que vendrán a verte de vez en cuando!

Iris está feliz, y la niña también, porque la ve contenta.

Celeste sonríe viéndolas, y decide que ya es hora de irse. Aún le queda mucho camino por recorrer si quiere encontrar su varita. Ella no lo sabe, pero como las otras veces en que ha ayudado a alguien, está un poco más cerquita...

¿Quieres seguir el viaje con tu amiguita?  

Por Dolores García

Tenemos que respetar la libertad de las personas que  queremos, para que puedan elegir en todo momento lo que quieren hacer sin miedo a que nosotros pensemos que nos dejan de lado o incluso que dejan de querernos.

El amor es como el viento: tiene mucha fuerza, llega a todas partes y no podemos encerrarlo en ningún sitio. A veces  pensamos que si alguien a quien queremos quiere hacer algo sin nosotroses porque no nos quiere lo suficiente,pues prefiere hacer cualquier otra cosasque estar a nuestro lado todo el tiempo.

Tenemos que aprender que todo el mundo necesita su espacio y su libertad para hacer lo que quiera, y muchas veces las personas necesitamos estar solas un rato, disfrutar de alguna actividad sin compañíao encontrarnos con otra gente. Quien nos quiere lo seguirá haciendo, haga lo que haga,
y tanto si está solo o sola como con otra gente. ¡E incluso nos querrá más si ve que dejamos que haga lo que quiere sin estar todo el día "pegados" a su lado!


Aquellos a quienes queremos no siempre están toda la vida con nosotros, pero unos por una cosa y otros por otra, todos están por algún motivo. A veces hay personas que aparecen en nuestra vida y al cabo de un tiempo ya no les vemos más. Somos muy amigos o amigas, compartimos muchas cosas, y de pronto ya no sabemos nada de ellos, porque se van a vivir a otra parte, se cambian de teléfono y ya no podemos llamarles o, en el peor de los casos, se mueren.

¡Claro que los vamos a echar de menos, sobre todo al principio! Pero tenemos que aprender a guardar con nosotros los recuerdos de todo lo que compartimos. Seguramente mientras estábamos juntos nos enseñaron algo o aprendieron algo de nosostros, o nos ayudaron de alguna forma o nosotros a ellos... ¡o simplemente nos divertimos! Unas personas se van, pero llegan otras nuevas ¡con las que también compartiremos buenos momentos!

¿Qué son?



¿Qué son los valores?

Los valores son principios que nos permiten orientar nuestro comportamiento en función de realizarnos como personas. Son creencias fundamentales que nos ayudan a preferir, apreciar y elegir unas cosas en lugar de otras, o un comportamiento en lugar de otro. Es decir, si una persona tiene adquirido el valor de la solidaridad, es incapaz de observar como se le hace daño intencionadamente a otra y quedar impasible, sin intentar ayudarla en la medida de lo posible.
Valores, actitudes y conductas están estrechamente relacionados. Cuando hablamos de actitud nos referimos a la disposición de actuar en cualquier momento, de acuerdo con nuestras creencias, sentimientos y valores.

Por otro lado, son la base para vivir en comunidad y relacionarnos con las demás personas. Permiten regular nuestra conducta para el bienestar colectivo y una convivencia armoniosa.
Los valores se traducen en decisiones. Es decir, decidimos actuar de una manera y no de otra con base en lo que es importante para nosotros, cuales son nuestros valores. Decidimos creer en eso y estimarlo de manera especial.
Hay diversas formas de definir los valores, entre ellas:
  1. Convicciones profundas de los seres humanos que determinan su manera de ser y orientan su conducta. La. solidaridad frente a la indiferencia, la justicia frente al abuso, el amor frente al odio.
  1. Involucran nuestros sentimientos y emociones. Cuando valoramos la paz, nos molesta y nos hiere la guerra. Cuando valoramos la libertad nos enoja y lacera la esclavitud. Cuando valoramos el amor y lastima el odio.
  1. Creencias o convicciones de que algo es preferible y digno de aprecio. Una actitud es una disposición a actuar de acuerdo a determinadas creencias, sentimientos y valores. A su vez las actitudes se expresan en comportamientos y opiniones que se manifiestan de manera espontánea.
  1. Se jerarquizan por criterios de importancia. Cada persona construye su escala de valores personales. esto quiere decir que las personas preferimos unos valores a otros. Usted por ejemplo, ¿en qué orden de importancia colocaría los siguientes seis valores:

    --> Dignidad
    --> Honestidad
    --> Solidaridad
    --> Amistad
    --> Salud
    --> Educación
  1. Los valores más importantes de la persona forman parten de su identidad. orientan sus decisiones frente a sus deseos e impulsos y fortalecen su sentido del deber ser. Por ejemplo, una maestra responsable hará todo lo que esté en sus manos para que sus alumnos alcancen los objetivos educativos del ciclo escolar, se sentirá mal consigo misma si por razones claramente atribuidas a ella, los niños no reciben las oportunidades de aprendizaje que debieran. Solo sentimos pesar al hacer algo contrario a lo que pensamos, sentimos o creemos correcto.
  1. Se aprenden desde la temprana infancia y cada persona les asigna un sentido propio.Cada persona, de acuerdo a sus experiencias, conocimientos previos y desarrollo cognitivo, construye un sentido propio de los valores. Aunque a todos nos enseñen que la honestidad es algo deseable, y aunque todos lo aceptamos como cierto, la interpretación que haremos de este valor, el sentido que le encontraremos en nuestra vida, será diferente para cada persona.
  1. Su jerarquización pueden cambiar a lo largo de la vida. Los valores están relacionados con los intereses y necesidades de las personas a lo largo de su desarrollo. Los valores de los niños pequeños están definidos en buena medida por sus necesidades de subsistencia y por la búsqueda de aprobación de sus padres: sustento biológico, amor filial. Los adolescentes guían sus valores personales por su necesidad de experimentación y autonomía: amistad, libertad. Mientras que en la edad adulta se plantean nuevas prioridades: salud, éxito profesional, responsabilidad. Algunos valores permanecen a lo largo de la vida de las personas.

Habilidades sociales


HABILIDADES SOCIALES

Son el conjunto de capacidades que nos permiten conocer las reglas de los comportamientos sociales, conocer cuándo y cómo hay que expresar los sentimientos propios y ajenos, cuándo mostrar autoafirmación, habilidades de conversación.
La competencia social está relacionada con la capacidad de mantener interacciones sociales, con el desenvolvimiento social sin dificultades y con el control de las reglas del juego social. Con la práctica de las destrezas sociales, las personas nos conocemos
mejor a nosotros mismos y conocemos mejor a los demás. Por otra parte, ser socialmente competente nos autorrefuerza y generamos pensamientos positivos
que nos motivan y aumentan la autoestima.

Autoconcepto



AUTOCONCEPTO

Es la capacidad de reconocer nuestras emociones y cómo afectan a nuestras acciones. Los requisitos para adquirir autoconciencia son:
  • Saber qué emociones sentimos y por qué.
  • Comprender los vínculos existentes entre sentimientos, pensamientos, palabras y acciones.
  • Conocer el modo en que los sentimientos influyen sobre nuestra toma de decisiones.
  • Saber expresar emociones como proceso indispensable de interiorización de las mismas.
  • Confianza en uno mismo.
En nuestra toma de decisiones, las emociones juegan un importante papel mediante la .brújula interna. (Goleman, 1999): señal emocional, en forma de sensación visceral, que nos informa sobre las alternativas de decisión sobre lo que está bien y lo que está mal, lo correcto y lo incorrecto. El origen de estas sensaciones subjetivas se asienta en la amígdala, donde se almacenan las emociones producidas por las experiencias que vamos viviendo. Cuando nos encontramos en situaciones de elección, la amígdala selecciona las reacciones emocionales similares, descargando
la información en forma de aprobación o rechazo. Cuantas más experiencias tengamos, más emociones almacenadas. Esto es muy útil para asignar valores, tomar decisiones. Escucharnos es tener conciencia propia.

La capacidad de apreciar nuestras emociones, darles nombre mental o verbalmente y saber expresarlas a los demás, es uno de los pilares básicos de la IE, y en el cual se basan el autocontrol, la empatía y la automotivación.

Auto-motivación


AUTO-MOTIVACIÓN


Podemos decir que la auto-motivación es la capacidad de motivarse a uno mismo, de ponerse en movimiento hacia la meta deseada. Es el combustible que nos puede guiar al éxito, es la energía que nos permite llevar a buen fin nuestros propósitos.
Si eres una persona dotada de una buena auto-motivación entonces:

  • Posees fuertes deseos de cumplir tus objetivos y aquello que deseas par tu vida.
  • Asumes los riesgos y los desafíos que consideras necesarios.
  • Te preparas lo máximo posible para tomar decisiones lo más acertadas posibles.
  • Encuentras un sentido que transciende cada tarea que realizas.
  • Si te surgen obstáculos en tu camino, buscas la forma de superarlos.
  • Actúas desde la esperanza en lugar de hacerlo desde el miedo al fracaso.


Podemos conocer nuestro grado de auto-motivación mediante preguntas como: ¿Te planteas objetivos positivos y elaboras planes adecuados para alcanzarlos?, ¿te planteas retos que luego los vives como amenazas?, ¿encuentras sentido al realizar las tareas diarias?, ¿te mueve la huida del miedo o la búsqueda de tu felicidad?, ¿haces las cosas con convencimiento o por obligación?.


Es importante distinguir entre dos tipos de motivación; la persona que está
motivada por la necesidades, que es aquella que “debe” hacer esto o aquello, que “debe” cumplir con lo que la vida parece exigirle. Y la persona motivada por las posibilidades, que es aquella que se motiva por “lo que es posible”, va más allá de las necesidades y se pone en movimiento para descubrir aquello que la vida le puede ofrecer. Esta motivación no descuida las necesidades, sino que suma a estas, las posibilidades.


Origen según Gardner



Las inteligencias múltiples


Howard Gardner, profesor de Psicología y Ciencias de la Educación y creador de la misma, define inteligencia como una capacidad, una destreza para resolver problemas cotidianos, para generar nuevos problemas, para crear productos y para ofrecer servicios dentro del propio ámbito cultural.

Esta capacidad se puede desarrollar, lo cual es muy importante por dos razones fundamentales.  

Primera, porque amplía el concepto de inteligencia y reconoce que la brillantez académica no lo es todo, pues para desenvolverse en la vida no basta con tener un gran expediente académico. Gente menos brillante en el colegio triunfa en los negocios o en su vida personal y, por el contrario, gente de excelentes notas tiene dificultades para relacionarse con los demás.

En segundo lugar, la definición de Gardner rompe con la visión tradicional de que se nace inteligente o no, y la educación no puede cambiarlo. Además del componente genético, el potencial de cada persona se desarrollará de una u otra manera teniendo en cuenta su educación, sus relaciones personales, su entorno y su contexto cultural. Nada especialmente novedoso por otro lado, ya que algunas décadas anteriores autores como Skinner o Vigotsky ya señalan el papel que juega el ambiente social en el desarrollo de la inteligencia.

En su teoría de las inteligencas Mútiples de 1983, Gardner, propuso 7 clases de inteligencias a las que sumaría la inteligencia naturalista en 1995. Éstas se resumen en 8 tipos de inteligencia las cuales mostraremos en el apartado de "¿Cuántas hay?".

¡Tu puedes Lyco!


¡Tú puedes Lyco!

(Para aprender a aceptarse a uno mismo y a confiar en las propias capacidades.)

Esta noche, la pequeña hada Celeste ha soñado con su varita y se ha despertado antes que salga el sol con muchas ganas de seguir buscándola. Ya hace rato que vuela por el bosque con los ojos bien abiertos, metiendo su cuerpecito de hada en todas las madrigueras que encuentra.
Pero quiere ir tan rápido que a veces se olvida de mirar antes si hay alguien dentro.

-¡Uy, me he pinchado! - grita saliendo de la madriguera de un puerco-espín.

Y después de meter el brazo en un hormiguero lo saca enseguida lleno de hormigas:
- ¡Ya basta, dejad de hacerme cosquillas! - grita saltando y sacudiéndoselas con las manos...

Aunque lo peor llega cuando mete la cabeza en un enjambre lleno de abejas, que la persiguen un buen rato hasta que se tira de un salto al río...

Allí, sentada en el agua, con el pelo chorreando y la cara llena de picaduras la pequeña hada Celeste se da cuenta de que está muy, muy cansada y de que todavía no ha desayunado. Mientras se sacude el agua de las alas descubre bajo un árbol un arbusto lleno de flores azules como su vestido. Y allí, sintiendo el calor del sol que va secando su cuerpecito de hada, disfruta llenándose la boca con su dulce néctar.

Pero de pronto oye un ruido que la distrae.

- Parece alguien que llora -, dice aguzando el oído.
Y, limpiándose la boca con la mano, gira la cabeza buscando de dónde vienen los llantos.

- ¿Quién llora? - pregunta en voz alta.

- Soy yo, Lyco - oye que alguien responde desde lo alto del árbol.

Y Celeste sube volando hasta una de las ramas donde encuentra un pajarito en un nido.

-–¿Tú eres Lyco? - le pregunta sentándose a su lado.

- Sí - dice el pajarito sin dejar de llorar.

-–¿Por qué lloras? - le pregunta Celeste acariciándole.

El pajarito, secándose las lágrimas con un ala le responde:

- Todos mis hermanos se han ido volando con mis padres a buscar comida, pero yo no puedo volar. 

- ¿Por qué no? - pregunta Celeste.

- Pues porque mis alas son demasiado pequeñas y no tienen fuerza - dice estirándolas para enseñarlas a la pequeña hada.

- A mí me parecen lo bastante grandes para ti - dice ella - Tú eres pequeñito y con unas alas más grandes harías reir. Mírame a mí. Mis alas también son pequeñas y me llevan a todas partes.

Lyco se la queda mirando y piensa que tiene razón, pero de golpe empieza a llorar otra vez:

- ¡No puedo! ¡No puedo volar!

La pequeña hada Celeste no sabe qué decirle al pajarito. Se va poniendo triste porque no sabe cómo ayudarle. Le gustaría tener su varita para usar un poco de magia. Y de pronto oye aquella vocecita que siempre la acompaña, que le dice:

- Dale un empujón, dale un empujón... .

- ¿Un empujón? - piensa Celeste. - Pero, ¿y si es verdad que no puede volar y cuando le empujo se cae y se hace daño?

Y vuelve a oír la vocecita, que le dice:

- No hace falta un empujón de verdad. Ayúdale a perder el miedo. Dale la mano... 

Y entonces se le ocurre una idea:

- ¡Ya sé qué vamos a hacer, Lyco! Yo volaré contigo y así verás que no pasa nada...

Y de golpe, antes que el pajarito pueda pensárselo, Celeste lo agarra de un ala y lo hace saltar con ella del árbol.

-–¡Suéltame! - grita Lyco. - ¡Si me coges el ala no puedo volar!

Y entonces, cuando Celeste lo suelta, Lyco se eleva moviendo rápido sus alitas.

- ¡Puedo volar! - grita. - ¡Puedo volar!

Pero sus alas se cansan enseguida y el pajarito cae sobre la hierba.

- ¿Lo ves? - le dice a Celeste a punto de ponerse a llorar. - ¡No me sale bien! ¡Ya te he dicho que no podía!

- ¡Venga, vuelve a intentarlo! - dice ella. - ¡Tienes que volver a probar! Ya verás como cada vez llegarás un poco más lejos. ¡Tú puedes, Lyco!

Y, dando un saltito, Lyco vuelve a elevarse. Esta vez vuela un trocito más. Poco a poco va animándose y, aunque se cae unas cuantas veces sigue probando hasta que, con Celeste detrás suyo, aprende a subir y bajar, a dar vueltas, incluso a hacer una voltereta antes de bajar a tierra.

Lyco está muy contento, y Celeste se siente feliz por haberlo ayudado. Pero de pronto, el pajarito deja de sonreír y empieza otra vez a llorar.

- ¿Y ahora qué te pasa? - le pregunta Celeste sorprendida. - Ya has aprendido a volar, ¿ahora por qué lloras?

- Tengo hambre - responde Lyco, - y no sé cazar gusanos. Seguro que cuando los quiera atrapar se me escapan, porque mi pico es muy pequeñito...

Y llora y llora sin parar.

- ¿Otra vez? - exclama Celeste. - ¿Y tú qué harías con un pico más grande? Te pesaría tanto que no podrías levantar la cabeza del suelo! - le dice.

Y entonces Lyco se da cuenta de que quizás Celeste vuelve a tener razón y piensa: 

- Si he podido volar con estas alitas seguro que puedo atrapar gusanos con mi pico aunque sea pequeño.

Y dando cuatro saltitos se acerca a un montón de piedras y empieza a remover la tierra con el pico. Enseguida encuentra un gusano y, antes de que se escape lo atrapa y se lo traga enterito.

- ¡Lo he conseguido! - grita contento. - ¡He atrapado uno yo solo! ¡He atrapado uno yo solo!. 

La pequeña hada Celeste lo mira sonriente. Lyco ya no tiene miedo de no poder hacer las cosas. Y ,feliz, se da cuenta de que le ha podido ayudar aunque no tuviera su varita.

- De todos modos tengo que seguir buscándola - piensa. - Un hada de verdad necesita su magia para ayudar a los demás.

Y tras despedirse de su amigo, que come gusanos sin parar, Celeste se eleva moviendo sus alitas para seguir su viaje. Aún no sabe que cada día que pasa se acerca acerca a su varita un poquito más...

¿Quieres saber qué pasará?

Quiérete tal y como eres. Quizás hay cosas que no puedes hacer, pero muchas otras sí. Muchas veces desearíamos ser más altos o altas, más inteligentes, con el pelo más largo o de otro color...
o creemos que seríamos mejores si supiéramos hacer las cosas que hacen otros... ¡Tú ya eres perfecto o perfecta como eres!
¡Piensa que en todo el mundo no hay nadie igual que tú! ¡Eres especial!

No dejes de hacer algo sólo porque crees que no te va a salir bien. Inténtalo las veces que haga falta, y seguramente poco a poco te irá saliendo mejor. Piensa en los niños pequeños que aprenden a andar. ¿Verdad que se caen muchas veces y lo siguen intentando? ¡Todo el mundo aprende a andar! Unos tardamos más y otros menos, pero TODOS necesitamos un tiempo para aprender. ¡Lo importante es que tengamos ganas de hacerlo y no dejemos de intentarlo cuando no nos salga bien!